La lucha libre mexicana es un espectáculo muy folklórico, los atuendos, las máscaras, el ring, todos estos elementos ayudan a que una visita a la Arena México o cualquier otra arena sea una experiencia redonda. Un punto que siempre me ha dado curiosidad es ¿Por qué algunos luchadores utilizan máscaras?

Todo empezó en la década de los 1930’s cuando Salvador Lutteroth, considerado el padre de la lucha libre mexicana y fundador de la Empresa Mexicana de la Lucha Libre (EMLL), visitó el estado de Texas y se impresionó por las dotes luchísticas de el “Ciclón McKey”, un irlandés de nombre Corbin James Massey, al cual invitó a pelear en México.

Massey participó en la lucha debut de la EMLL el 21 de septiembre de 1931 y pasó unos años sin pena ni gloria, fue hasta la lucha de aniversario de 1934 que brincaría a la historia. Quería hacer algo memorable y, retomando la tradición estadounidense de pelear con antifaz, fue al taller del zapatero Don Antonio Torres, quien hacía las botas de los luchadores y le pidió que le hiciera una máscara que le cubriera todo el rostro. Así subió al ring bajo el nombre “La Maravilla Enmascarada”.

La primera lucha con máscara fue una tragedia, era incómoda, no le permitía ver bien y regresó para mejorarla. Don Antonio tomó 17 medidas de su cabeza (mismas que se mantienen hasta la fecha) y fabricó esta máscara:

Mackey

En 1935 llegó “El Enmascarado Rojo”, quién se enfrentó a Jim London, el campeón peso completo en la primera apuesta Máscara vs Campeonato, el ganador fue el campeón y el enmascarado tuvo que dar a conocer su cara y su identidad: Joe Cox. El primer mexicano en utilizar una máscara fue el “Murciélago Velázquez” en 1938. El uso de máscaras se popularizó hasta la década de los 1940’s cuando luchadores sumamente famosos como El Santo y Blue Demon las utilizaban.

En la actualidad no hay mayor tragedia que perder la máscara, por eso son contadas las ocasiones en que los luchadores de más tradición la exponen y normalmente se esperan a hacerlo contra sus más acérrimos rivales.